Papelitos, un solitario y un vaso de agua con hielo

Escribí un libro para aprender a pensar como Fermi, Ulam y Feynman. Spoiler: eso no se aprende leyendo.

Tres escenas que me tienen fascinado desde hace años.

Fermi, en Trinity, estima la potencia de la primera bomba atómica soltando papelitos y midiendo cuánto se desplazan al pasar la onda de choque. Ulam, convaleciente en una cama y harto de calcular a mano la probabilidad de que le salga un solitario, se da cuenta de que sería más fácil jugar muchas partidas y contar: acaba de inventar el método de Montecarlo. Feynman, delante de una comisión del Congreso, mete una junta tórica en un vaso de agua con hielo y se termina la discusión sobre el Challenger.

Lo que me fascina de las tres no es el resultado. Es la desproporción. La herramienta era ridícula al lado del problema, y aun así el problema cayó.

Yo quería aprender a hacer eso.

El problema de querer aprender eso

No se aprende leyéndolo.

Te puedo contar lo de los papelitos en dos minutos, te va a parecer precioso, y no habrás aprendido absolutamente nada. Es como ver tocar la guitarra: entretenidísimo, cero transferencia. Lo que hacía esa gente no es una anécdota, es un oficio. Y un oficio se entrena de una sola manera, que es haciéndolo mal muchas veces hasta que empieza a salir.

Así que me monté el gimnasio.

Se llama La servilleta y el ordenador y son 43 capítulos, 684 páginas y 453 problemas. No enseña fórmulas nuevas. Entrena un ciclo, que es siempre el mismo: coges un fenómeno, sacas una pregunta, estimas el orden de magnitud, decides qué variables importan, construyes el modelo más pequeño que sirva, lo resuelves aproximado, lo simulas, lo validas, le pones barras de error, lo interpretas, dices dónde deja de valer, y de ahí sale la siguiente pregunta.

Los capítulos van de herramientas, de fenómenos y de método. Y entre medias hay ocho interludios históricos que son, básicamente, mis escenas favoritas: los papelitos de Fermi, el solitario de Ulam, la junta tórica, Lorenz y el redondeo que descubrió el caos, y la señora del MANIAC, que hizo mucho más de lo que le reconocieron.

El disgusto

Al ir a las fuentes descubrí que parte de lo que admiraba es leyenda.

Los papelitos de Trinity están documentados en fuente primaria, tranquilos. Pero el famoso “cuántos afinadores de pianos hay en Chicago”, que todo el mundo le atribuye a Fermi, no tiene ni una sola fuente primaria. Es folclore. Muy bueno, pero folclore.

Podía quitarlo, o podía mirar hacia otro lado. Hice la tercera cosa: cada afirmación histórica del libro lleva su nivel de verificación en la página. A si hay fuente primaria, B si es secundaria documentada, C si es folclore y se presenta como tal. Los papelitos son A. El afinador de pianos es C.

Admirar a alguien en serio incluye no mentir sobre él.

Va con la misma regla para todo lo demás: las 76 figuras las genera un script versionado con semilla fija, no hay ni una imagen de origen misterioso. Y sí, lo escribí con ayuda de IA, lo pone en la primera pantalla del repo, y hay un capítulo entero sobre cómo hacerlo sin acabar publicando mentiras con buena tipografía.

Está en v0.1 y no está auditado entero. Hay un ERRATA.md, hay issues abiertas, y las tres primeras erratas las encontró un lector. Si encuentras la cuarta me haces un favor enorme.

Para qué lo quiero

Para entrenar. En serio y a menudo, como quien va al gimnasio o saca la guitarra.

Porque lo que de verdad echaba de menos no era saber más física. Era esa cosa de mirar cualquier cosa que pasa por delante y pensar “un momento, ¿por qué pasa eso?”, y tener las herramientas para intentar contestarlo con una servilleta y un rato.

Quiero recuperar esa ilusión y no volver a perderla. Ver el mundo como algo que merece ser admirado y, con suerte, entendido.

El libro